El otro día nos preguntábamos por los saltos cuánticos en la industria del videojuego. No, esto no tiene nada que ver con la Física, sino con las casualidades de la vida. Naturalmente, la medida en que la Física tiene o no que ver con las casualidades de la vida es una cuestión interesante, pero no hablamos de esas cosas aquí: esto es una página de videojuegos, por si te has despistado o Google te ha dirigido con total falta de ceremonia a este artículo mientras buscabas cualquier otra tontería. Por ejemplo, ¿cuál es la consola que más revolución ha supuesto en la industria? ¿La que más ha influido sobre sus competidores? ¿La que más y mayores oleadas de nostálgicos ha creado? A veces solemos hacernos esta clase de preguntas, un poco como una especie de juego. Tienes diez segundos para pensar las respuestas que darías. Nosotros estuvimos de acuerdo: la NES. Sin dudarlo. 

Discutible y subjetivo como es este tema, nos pareció sin embargo interesante tratar de explicar las razones. Cuando salió la Nintendo Entertainment System (en realidad Famicom, para los talibanes puristas de la terminología, pero la vamos a llamar NES porque con ese nombre la conocimos en su momento) corría el año 1986, y eso que estamos aquí en Europa. En Japón la Famicom salió en 1983. ¿Qué había en esa época? ¿1986, en Europa? ¿Micros de 8 bits? ¿Spectrum, Amstrad CPC, Commodore 64? ¿MSX? El Amiga era una entelequia de la cual se hablaba en los editoriales de las revistas, pero en el 86 nosotros no habíamos visto ni uno solo; pasarían dos años aún hasta eso. La Master System de Sega no llegaría hasta el otoño de 1987. Vamos, que cuando la NES empezó a verse en las tiendas no había nada con lo que se le pudiese comparar, salvo la veterana Atari 2600… porque la Colecovision, hasta entonces la consola más impresionante que habíamos contemplado, había aparecido en 1982 y había dejado de existir en 1984, así que no cuenta. Y la Intellivision como que tampoco, muchas gracias.

Family Computer

La NES nos dejó patidifusos. ¿Una resolución de 256×240 pixels (comparable si no mayor que la de los micros de entonces), 48 colores en pantalla, 64 sprites simultáneos, capa de scroll por hardware y cinco canales de sonido? Ni siquiera los primeros esbozos del Amiga tenían estas especificaciones; ni los MSX. En ese momento, la NES nos pareció el sistema más potente jamás creado para videojuegos. Adelante, podéis reíros lo que queráis… pero volved a leer el párrafo anterior. Estábamos en 1986.

La NES *era* el sistema más potente jamás creado para jugar, al menos en el mercado doméstico. Y el pack que venía con una docena de juegos nos dejó gagá totalmente. Incluso aparentes ñoñeces como el Clu Clu Land nos parecieron alucinantes, y eso porque no queremos hablar de Super Mario Bros, The Legend of Zelda o Metroid. Series que en la actualidad continúan, mirad por dónde, vivitas y coleando. ¿Por qué es esto? ¿Será por casualidad?

¡Juegos, juegos y más juegos!

¿Aún no convencidos? MegaMan, Castlevania, Final Fantasy, Dragon Quest… ¿Qué, suenan de algo? Eso es influencia y lo demás son cuentos. No hay más preguntas, señoría. Si seguimos jugando a estas cosas es porque se han convertido en iconos universales. Fueron muchas tardes de vicio, solos o con los amigos, machacando los botones de la consolita de marras. Aparecieron los clones, los cartuchos pirata, la scene, los accesorios y cacharrillos periféricos a tutiplén: toda la parafernalia que hoy asociamos con las consolas “populares”; ya existieron para la NES, en un grado que difícilmente es comprensible para nadie salvo para aquellos que vivimos la época. Basta con darse cuenta de que el «Gran Agujero Negro» videojueguil de 1984 en los Estados Unidos casi hizo que la industria de las videoconsolas se fuera por el desagüe del olvido para nunca más volver, pero esta maquinita consiguió revivir el interés del público por el entretenimiento interactivo. Eso ya es más de lo que ha conseguido nadie en condiciones tan precarias.

Y la NES llegó a España

Recordando estos hechos, sobre todo estos días en los que Nintendo no pasa por sus momentos de mayor popularidad con Wii U y su estrategia de mercado, resulta difícil unirse a la turbamulta de los que están dispuestos a arrojar toda clase de proyectiles a la faz de la compañía de Kyoto. Nosotros podríamos quejarnos igual que los demás, pero no lo haremos. Incluso dejando aparte toda la nostalgia y los recuerdos alterados por el filtro de los años, le debemos algo a Nintendo por tantas buenas tardes. Al menos un respeto. Hoy puede que las horas sean bajas, pero no más de lo que lo eran en la primera mitad de los 80. Nintendo hizo milagros entonces. Como mínimo recomendaríamos no darles por muertos, y mucho menos por enterrados. Fijaos si no en el fenómeno Pokémon Go

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En cualquier caso, siempre nos quedará la NES. Eso nos basta a algunos. ¿Eres demasiado joven para haberla vivido? En ese caso, amigo, te perdiste algo…

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