El objetivo principal del nuevo Ghost Recon es acabar con el cártel de Santa Blanca, una organización criminal que ha convertido Bolivia en un narcoestado. Dicho esto, debo decir que Ubisoft Paris ha reflejado de manera magistral lo más oscuro del narcotráfico, las jerarquías detrás de estos grupos, las maras, la población sometida… Hasta cierto punto, es escalofriante. Y digo esto habiendo crecido en un barrio que con el paso del tiempo se convirtió en un siniestro caldo de cultivo para traficantes y adictos; viviendo de primera mano los oscuros trapicheos de la droga. Por supuesto que la comparación es ridícula si tenemos por delante el concepto “narcoestado” al lado de un barrio de la periferia sevillana, pero las sensaciones están ahí, colocándose ante nosotros un mal hasta cierto punto familiar en el que no cabe otro deseo que erradicarlo a toda costa.

Cabe aclarar que Ghost Recon: Wildlands no es un juego eminentemente online a la usanza de The Division. Y lo digo porque me he percatado de que no son pocos los que así lo han asumido. Lo nuevo de Ubi es una notable amalgama de géneros, destacando en primer lugar el factor “open world” del que hace gala. A este respecto, Wildlands denota lo mucho aprendido con la franquicia Watch Dogs, recreando lo que es un competente mundo abierto que no tiene nada que envidiar a los más grandes del género. Quizás se le puedan acusar ciertos detalles, como la poca densidad de la población local (que tampoco es algo que “cante” demasiado), pero dado el marco de circunstancia y la verdadera mecánica del juego, es algo tan comprensible como perdonable.

Los gráficos muestran panorámicas espectaculares.

Y es que Ghost Recon: Wildlands es en verdad un juego de acción táctica en su más pura esencia, tal y como debe dictar la franquicia a la que pertenece. Lo interesante es ver cómo se ha trasladado esta metodología lúdica al concepto del mundo abierto. Creedme si os digo que esto lo cambia todo; la manera de abarcar cada situación va atada a un factor libertad más que digno de mención. Tomar el escenario por donde queramos, estudiar la zona con un dron para localizar a los enemigos, ordenar a nuestros hombres que tenga sobre la mira a tal o cual fulano, optar por una acción de limpieza efectiva, hacer ruido o tirar de sigilo. Sea como sea, tenemos a nuestra mano todas las herramientas para, por exagerado que suene, hacer lo que queramos. El resultado es excepcional, conformando una inteligente amalgama en la que encontramos detalles típicos de la franquicia, así como de otros nombres como Far Cry o ─de manera más comedida─ Just Cause 3. Incluso se atreve de acoger en su seno matices de Metal Gear Solid V.

En todo caso, Ghost Recon: Wildlands es de lo más divertido, dando pocas concesiones a la monotonía. Después de un exhaustivo editor de personajes (¡y de armas!), se las arregla bastante bien para que el gigantesco escenario no nos abrume, habiendo siempre cosas que hacer o factores que determinan nuestro curso de acción antes de que el aburrimiento haga acto de presencia. El mapeado, ─espectacularmente representado por la última versión del motor Anvil, nacido para mover la serie Assassin’s Creed─ que contiene once ecosistemas distintos, siete millones de árboles, 800 kilómetros de carreteras y más de 120 puntos de interés entre ciudades, poblados o capillas remotas olvidadas en alguna montaña rodeada de vegetación, está repleto de puntos calientes que podremos barrer. Igualmente, pasear por una carretera puede conllevar que nos topemos de bruces a un grupo de narcos ejerciendo el terror entre los viandantes, saqueando a pie de camino o ejecutando nativos para dar ejemplo. Salir y acribillarlos será parte de nuestro trabajo.

Apretar el gatillo siempre es tentador ante seres de esta calaña…

Esto en solitario ya de por sí es todo un placer, con una Ubi que otorga una campaña mucho más que entretenida. Quizás a priori la mecánica parezca menos profunda de lo que es, pero es una sensación engañosa dominada sobre todo por la extrema sencillez del manejo y las opciones, algo que, todo hay que decirlo, es muy de agradecer. Además, la extravagante trama de narcotraficantes es digna de conocerse, y el interés crece a medida que estamos cerca de hacer justicia con ellos. El conglomerado jugable es capaz de ganar enteros cuando intervenimos con tres amigos más, en lo que es un cooperativo absolutamente sensacional. Limpiar un barrio tomado por los narcotraficantes colaborando en estrategia y curso de acción es gratificante en extremo, suponiendo sin duda alguna uno de los pilares de este Ghost Recon. A mi parecer se ha ido un paso más allá de lo ofrecido por The Division, sin las rocosas exigencias de este.

Quizás el gran problema de Wildlands es el hecho de provenir de Ubisoft. Ojo, que no estoy criticando la marca, ni mucho menos. Es más, yo personalmente estoy más que contento con el comportamiento de la empresa en estos últimos años, lanzando una serie de títulos intachables en todos los sentidos. Pero, tal y como ocurre con otras tantas cosas en este todavía inmadurísimo mundo de los videojuegos, existe por parte de cierto sector de la crítica una absurda predisposición hacia la difamación más rancia y oportunista con todo lo que saque Ubi. La gente se mofa de Assassin’s Creed Syndicate por el hecho de ser Assassin’s Creed, ignorando que se trata de uno de los mejores juegos de la franquicia. El personal ataca al excelentísimo Watch Dogs 2 justo cuando es todo lo que no pudo ser el juego original. Estos mismos hacen sorna con el mapeado de Far Cry Primal (que compartía mapa topográfico con el de Far Cry 4) pasando por alto el que sea una obra magnífica. Y así con todo.

¡Caos en la carretera! Los tiroteos sobre ruedas son muy divertidos.

Lo peor es ver como algunos han hecho su particular agosto (si es que al final resulta beneficioso hacer agenda escribiendo sobre videojuegos) atacando a este Ghost Recon: Wildlands ejecutando reviews absolutamente políticas, llegando al punto de deshumanizar al equipo de desarrollo por la temática escogida y la cruda representación del narcotráfico. Se salta a la piola cualquier atisbo de hablar del juego en sí, de alabar sus múltiples bondades. Se pierde el norte en pos de sumar unos invisibles puntos que, váyanse ustedes a saber, lo mismo le sirve al redactor de turno para recalar en alguna de esas publicaciones que solo leen los de su extrema catadura moral. Estas zarandajas de justiciero social terminan jugando con el pan de mucha, muchísima gente que ha sudado sangre para lanzar un proyecto de la índole de Ghost Recon: Wildlands. Y ojo, que si se trata de un mal producto, se puede hasta justificar el irse por las ramas aludiendo detalles peregrinos…

Pero no es el caso, ya que el gigantesco juegazo que firma Ubi es un producto sensacional que ningún usuario debería dejar pasar. Y es que al final va a haber casi más catadura moral en los oscuros antagonistas del juego que en muchos de los que rubrican auténticas basuras con divagaciones intelectualoides de barra de bar. Bar hípster, por supuesto.

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