Debo reconocer que, tras haber disfrutado de la práctica mayoría del catálogo disponible para PlayStation VR, una experiencia como la que ofrece Frima Studio con Fated: The Silent of Oath ha sido de lo más estimulante. Lo cierto y verdad es que este interesante lanzamiento salió hace exactamente un año para los usuarios de Oculus Rift y HTC Vive, publicándose ahora la correspondiente versión para la realidad virtual de PS4. En cualquier caso, Fated es igualmente disfrutable, existiendo diferencias mínimas entre las distintas plataformas.

Podríamos definir a Fated: The Silent Oath como una aventura inmersiva, con especial hincapié en vivir la historia que se nos presenta en primera persona. No obstante, el concepto aventura está radicalmente diluido precisamente por la narración en sí, pudiéndose contar con los dedos de las manos las ocasiones en las que realmente intervenimos con el fin de ser fundamentales en el transcurso del juego. Pero estaremos ahí, guiaremos directamente a nuestro personaje y viviremos desde sus ojos todo lo que le acontece a él y a su familia en lo que es una odisea especialmente diseñada para la realidad virtual.

Todo comienza cuando, aparentemente, hemos muerto. La ayuda nos llega desde lo más divino, y se nos otorga el don de volver a la vida a cambio de perder la voz. Regresar al mundo de los vivos es lo mejor que podría pasarle a nuestra vikinga familia, en lo que parece ser el advenimiento de un particular Ragnarok, o sea, el fin del mundo. Así, comenzaremos contemplando la catástrofe por la que está pasando nuestra diezmada tribu, debiendo cazar, ayudar a un forzado exilio y, finalmente, enfrentarnos a un oscuro destino que va mucho más allá de lo terrenal. Todo desarrollado a lo largo de una serie de capítulos que nos llevarán poco más de hora y media completarlos de principio a fin.

Quizás aquí pueda radicar uno de los mayores lastres de Fated, su escasa duración. No obstante, hay que admitir que no es menos que muchas otras experiencias de realidad virtual, si bien es cierto que la aventura en sí nos deja con ganas de más, sobre todo con el abrupto final (quién sabe si augurando nuevos capítulos). La historia está excepcionalmente narrada, sin buscar el falso artificio, haciendo bastante hincapié en el drama, en las relaciones humanas y en la notable interpretación de los personajes, que son capaces de transmitir muchas sensaciones a pesar de su aparentemente desenfadado diseño visual (un tanto al estilo World of Warcraft). Las mecánicas tampoco nos exigen mucho más más allá que andar de un punto a otro, puesto que los momentos en los que hay que hacer cosas como disparar con el arco o resolver algún enigma son mínimos.

Al fin y al cabo, hay que tomar a Fated: The Silent Oath como lo que es, una historia que viviremos en primera persona y en la que seremos esenciales en ocasiones muy marcadas. A mí personalmente me ha gustado ese concepto básico, que si bien no supone mucho más a nivel jugable de lo que podría ser un “walking simulator”, es en definitiva una experiencia que sabe sacarle punta a eso de meternos en la piel de uno de los actores de tan dramática aventura. Destaco el hecho de que se nos haya quitado el poder hablar, añadiendo como mecánica el asentir o decir que no con la cabeza, respondiendo así a las cuestiones que nos hagan el resto de personajes, afectando directamente al guión.

Metidos en faena ya con las gafas puestas, el stick derecho del pad sirve para girar la cámara, mientras que el izquierdo mueve nuestro personaje. Los gatillos se utilizan para manejar las manos de forma independiente (derecha e izquierda), y un último botón (el panel táctil en el caso de PlayStation 4) recoloca la cámara con respecto al sensor de posición. A todo esto, es de justicia comentar el esfuerzo realizado por Frima Studio para que Fated pueda ser jugado por todo el mundo. Sabidos son los problemas que puede ocasionar la realidad virtual cuando nos movemos dentro de entornos tridimensionales. Girar sobre sí a un personaje a la par que nuestra cabeza permanece quieta es algo que le cocha al cerebro y lo percibe como algo antinatural, dando como posible resultado (porque cada persona es un mundo) todo un universo de náuseas, fatiga y mareos varios.

Frima ha introducido toda una serie de opciones para hacer la experiencia lo más cómoda posible a este respecto. Con los botones de dirección del pad, tendremos la capacidad de alterar los grados de los giros de nuestro protagonista. Jugar directamente con la máxima suavidad fácilmente puede fastidiaros el día (hablo por experiencia), y en este sentido se agradece la cantidad de posibilidades que ofrece el juego. Igualmente, cabe el coloca sobre la pantalla una serie de marcas o guías, así como una rejilla que nos rodea a modo de jaula. Esto hace que el punto de referencia no se centre directamente en nuestra cabeza, sino, por decirlo de alguna manera, como si estuviésemos montados en “algo”. Os puedo asegurar que funciona a la perfección, y tampoco molesta demasiado de cara a afectar al factor inmersión.

En conclusión, Fated: The Silent Oath da justo lo que sus desarrolladores ofrecen: “una experiencia con historia guiada, y una narrativa que se centra en la emoción sobre la jugabilidad”. Contrasta el estilo cartoon de sus gráficos (no exentos de detalle, todo hay que decirlo) con la seriedad de la trama. Si nos sobreponemos al factor idioma ─solo inglés y francés─ y contemplamos la posibilidad de vivir esta odisea vikinga, nos daremos cuenta de que Fated vale cada céntimo de los casi diez euros que cuesta. Es un producto muy especial, pero a mí me ha llegado, ha sabido dónde tocarme.

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