Que RiME es un juego precioso eso es algo que no se puede poner en duda. Que es capaz de tocar alguna que otra fibra sensible, pues también. Pero decir que RiME es divertido… es complicado así de primeras. Esto os lo estoy diciendo con el corazón en el pecho, libre de las ataduras que desde siempre parecen encadenar a los periodistas del sector cuando hablan de una producción patria con cierta proyección. Y lo reconozco, me ha costado bastante encontrarle el punto al último trabajo de Tequila Works. Pero al final pude ver la luz a través de un proceso de adaptación con algún que otro paralelismo a lo que ha sido la propia concepción del juego en sí.

Y es que el trayecto que ha tenido RiME desde que fue concebido hasta su puesta de largo ha sido cuanto menos tortuoso. No fuimos pocos los que alucinamos cuando se presentó en aquella Gamescom del 2013, apadrinados por una Sony que parecía apostarlo todo por aquel producto que, sorpresa, provenía de un estudio español. Motivo de orgullo, por supuestísimo, con una producción que lucía de escándalo y que encandiló a medio mundo. Sin embargo, el tiempo pasaba y apenas se tenían noticias del desarrollo de RiME. Algo parecía ir mal, detalle que se confirmó cuando Tequila Works retomó para sí los derechos de su propio juego (hay quien dice que Sony se cansó de esperar y se deshizo de la licencia).

Según parece, y deseando transformar en juego lo que en verdad era una hermosa demostración, el equipo se recompuso con la idea de darle un buen empujón a un título en el que Tequila Works se jugaba todo su prestigio. Lo que antes no se había hecho bien había que reconvertirlo en un videojuego hecho y derecho, en una obra que justificara el sobresaliente trabajo de PR que había llevado el arte de RiME a ser portada de la a veces inclasificable revista EDGE.

Y así hasta hoy, con el juego ya en las tiendas y cosechando excelentes críticas. Es evidente que Tequila ha trabajado a destajo, dando forma a una obra bastante redonda en muchos de los aspectos que la componen. Buen ejemplo de ello es todo lo concerniente al apartado artístico, absolutamente magistral. Si digo que visualmente es delicioso me quedo corto, mostrando un diseño que rezuma personalidad por los cuatro costados a pesar de las claras reminiscencias provenientes de la obra del Team ICO, del gran Journey o del inolvidable The Legend of Zelda: The Wind Waker. En conjunto con las medidas melodías de David García Díaz, RiME consigue transmitir algo que en un principio es susceptible de ser achacado como defecto en base a lo vacío que en ocasiones parece el juego… pero es el factor soledad lo que finalmente termina pesando ─en lo positivo─ hasta el punto de convertirse en un personaje más del juego.

El problema que comentaba en el primer párrafo es el que estuvo a punto de hacer que abandonara RiME por pura desidia. Hay una gran tormenta y ahí aparece tu personaje, un misterioso náufrago de corta edad del que poco más sabemos. Y la isla, la maldita isla de la que debemos escapar. No hay más datos, y ahí se nos deja para que averigüemos qué hacer. El problema no es la falta de información; para mí fue una aparente ausencia de alicientes que no me motivaban a moverme por un escenario que tampoco daba demasiado juego más allá de una exploración poco divertida. Tampoco existía una sensación de libertad digna de mención, puesto que los caminos no siempre resultaban abiertos, y en ocasiones encorsetados al máximo.

Por suerte, los quehaceres en RiME van apareciendo poco a poco, y su resolución camina de la mano de una narrativa que prescinde de textos, voces y demás recursos clásicos para abrazarse a unas sensaciones que solo descubrirán aquellos que decidan perderse en la obra de Tequila. Las sensaciones tibias ceden paso al interés, a un factor lúdico coherente, a una dificultad ciertamente satisfactoria. Finalmente, hay que ceder ante la realidad: se ha convertido un escenario predestinado para la pura exhibición en una experiencia jugable extremadamente grata.

Quizás te lleve tres o cuatro horas llegar a descubrirlo (de principio a fin RiME puede durarte unas ocho horas), pero, sin ser la obra maestrísima que otros medios quieren dar a entender que es, pienso que este sencillo-pero-encantador videojuego de limitada exploración e imaginativos puzles puede terminar encandilándote. El esfuerzo de Tequila Works por convertir a RiME en lo que hoy es bien merece la pena de, como poco, hacer efectiva esa comprobación.

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