El horror. Esa primaria sensación a todas luces incómoda que, por extraño que parezca, siempre ha ejercido una intensamente contradictoria influencia en el ser humano, en el sentido de que no es algo agradable… pero que nos atrae sobremanera. Es justo la descarga de adrenalina generada por un susto, un impacto terrorífico, la que es capaz de llegar al punto de ser susceptible de producir placer; un pulso de energía que nos engancha. Por supuesto, en este marco de circunstancia, un entorno como el de los videojuegos se antoja absolutamente propicio, donde el usuario ya no es un mero espectador como podría ser viendo una película o pasando las páginas de un relato de Edgar Allan Poe.

Si Poe se fue a la Rue Morgue para inventar el relato policíaco tal y como lo conocemos a día de hoy, los veteranos Starbreeze Studios se han hecho con los servicios de Behaviour Digital para retratar una nueva forma de entender los videojuegos de terror, alejándose de manera contundente y con paso firme de las imperecederas premisas de Resident Evil, Silent Hill o Amnesia. Se trata de un miedo muy distinto, quizás más primario y, por extraño que parezca, hilarantemente divertido. La clásica angustia de un buen final escrito con la navaja de un talento como Poe deja paso a un camino repleto de naturales bifurcaciones cuyo desenlace queda claro desde el primer minuto: ganar o perder, vivir o morir, con la cruel dependencia del débito que supone tender la mano al prójimo. Lo pavoroso de ser una víctima se filtra bajo la piel hasta las mismas entrañas, y casi más aún ver cómo caen nuestros compañeros uno tras uno; y es lo que hace que algo como Dead by Daylight sea tan simple y a la vez tan apasionante.

El contexto: un asesino, y cuatro víctimas en potencia. Dead by Daylight es una terrorífica experiencia multijugador (4 contra 1) en la que uno de los usuarios asume el rol de un despiadado y sobrenatural asesino, mientras que otros cuatro jugadores interpretan a los supervivientes en su intento de escapar de sus garras. La misión de uno: dar caza a las cuatro presas. El objetivo de los otros: evitar a toda costa ser capturados y asesinados. Los distintos escenarios están dispuestos para que, cada vez que se juegue, se generen de manera aleatoria, así como los puntos de aparición, que también juegan con al azar, otorgando una sensación de inseguridad salvaje. Por mucho que se dominen las mecánicas, es complicado sentirse a salvo, con un entorno en el que los elementos y sus peligros cambian sus reglas constantemente. Este hecho tampoco será baladí para el asesino, que con su visión en primera persona ─los supervivientes contemplan la acción en tercera para contar con una mejor percepción del escenario─ tendrá que estudiar bien la situación para, después, focalizarse en las presas más vulnerables.

¿Contexto argumental? Poco, casi como en cualquier película slasher de los años ochenta. Cabe decir que el background de los asesinos es fantástico (se puede leer la historia de cada uno de ellos), si bien lo que nos interesa de veras como víctimas es el identificarlos para saber qué poderes poseen y cómo pueden atacarnos. Porque, faltaría más, el monstruo de turno posee habilidades sobrenaturales que le otorga mucha más ventaja con respecto a los meros mortales, que también podrán hacer uso de ciertos objetos y habilidades. En todo caso, lo fascinante de Dead by Daylight es el factor humano que va más allá de la pantalla, con usuarios que harán cualquier cosa por salir airosos de la escena o lo darán todo por sus amigos. Ser egoístas o colaborar son dos de los matices que convierten en un torrente de emoción cualquier partida; desde el que te poner por delante del enemigo para escapar hasta aquel que arriesga su vida liberándote de las garras de tu torturador. Porque, claro está, las posibilidades de sobrevivir variarán según decidas trabajar en grupo o aventurarte en solitario. En todo caso, la astucia manda, y lo que hagas probablemente te sirva para futuras incursiones: desactivar tótems, arreglar generadores, ayudar a tus compañeros… todo aporta para conseguir útiles puntos para subir de nivel a nuestro avatar, así como para desbloquear habilidades, objetos, ofrendas, etc.

Que no os desaliente el comenzar este Dead by Daylight desde cero. Ser novato no merma un ápice la diversión, y la comunidad suele ser de lo más colaborativa con los jugadores que empiezan. No obstante, echarse a la aventura con los amigos convierte esta producción de Starbreeze en una fiesta de las que hacen época, donde el terror se combina con las risas más desenfrenadas. Aun así, conectarse en solitario es igualmente apasionante, y más aún si establecemos paralelismos con el cine de terror, en el que lo desconocido desconcierta y da salsa al concepto. Un concepto, todo hay que decirlo, más que bien adornado en lo concerniente a su arte, con gráficos cumplidores y un sonido de lo más eficaz, ejecutando su terrorífica función con la precisión de un reloj suizo.

Así es Dead by Daylight. Una osada fábula del horror en los videojuegos que ya cuenta con un puñado de interpretaciones similares (Friday the 13th: The Game o el español White Noise y su segunda parte son buenos ejemplos), pero que para la ocasión, los antaño autores de Warhammer 40.000: Eternal Crusade han formulado con exquisita precisión y con mucho, mucho amor por el terror más infravalorado del celuloide. Mates o huyas, diversión asegurada.

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