Mientras escribo estas líneas, tengo el rabillo del ojo enfocando un videojuego que me tiene loco: Bloodborne. Lo confieso, lo he “descubierto” hace escasas semanas, después de llevarme dos años huyendo ─no sin haberlo intentado un par de veces─ de su inmisericorde metodología lúdica. Pero al final, he caído en sus redes; esa obra de la que tanto me hablaban mis amigos más hardcoretas no podía serme tan esquiva… Y así ha sido, alegrándome sobremanera de estar ante un ejemplar que me parece a todas luces increíble y que me tiene loco (Dark Souls, luego iré a por ti). El hecho de haber tardado tanto me hace ver que no aprendí la lección aquella vez que caté por vez primera aquel Uncharted: El Tesoro de Drake que Sony publicara hace casi diez años en PlayStation 3. Y es que, así de primeras, no me enganchó lo más mínimo. Casi que me es doloroso hacer memoria y llegar a ese punto en el que me pareció un juego más dentro de un catálogo ─el de una PlayStation 3 todavía jovencita─ que no terminaba de convencerme lo más mínimo, situado erróneamente por mí en un pozo en el que nadaba entre la anodinia de ampulosos títulos como Lair, Genji o el hermoso Heavenly Sword. Muy mal por mi parte el dejarme llevar por esa inercia que, al fin y al cabo, no dejaba de condenar a estos mismos lanzamientos, que en verdad distaban mucho de ser ejercicios mediocres. Por suerte, no tardé en concederle a Uncharted una segunda oportunidad (ayudó la llegada de, por fin, una buena pantalla HD); y así hasta que dejé el pad sobre la mesa mientras contemplaba la cinemática final, ya convertido sin remedio alguno en un fan de las aventuras de Nathan Drake y sus colegas.

La cuarta entrega de la saga (cuarta si no contamos la notable entrega desarrollada por Bend Studio para PS Vita) elevó todo a tal exponente de calidad que difícilmente se puede encontrar en sistema alguno un videojuego con semejante planteamiento técnico. Y no bastó con poner sobre la pantalla la mayor salvajada gráfica que uno pueda imaginar, ni con refinar la jugabilidad hasta lo indecible; Uncharted 4: El desenlace del ladrón tocaba la fibra como nadie, elevando las emociones y reafirmando a Nathan Drake como todo el mayor de los iconos de la marca PlayStation. Si te apetece leer qué pensábamos en su momento de la penúltima bomba de Naughty Dog, puedes echar un ojo a lo que escribí aquí.

Dicho esto, el hecho de que Nathan cediera el testigo de protagonista a otro personaje podía ser una jugada arriesgada. Es indudable el carisma de nuestro aventurero y el cariño que le tenemos propios y extraños; pero en Naughty Dog han demostrado muchas cosas a lo largo de estos años, y una de ellas no es desde luego la ausencia de argumentos a la hora de realizar las cosas. Es probable que la elección de dos “nuevas” protagonistas responda a un tanteo que viene de perlas en este Uncharted: El legado perdido, título que venía a ser un DLC del mentado Uncharted 4 y que, por decirlo de alguna manera, se les ha ido de las manos en lo que a tamaño y ambiciones se refiere. No obstante, sigue siendo un buen vehículo para, al rebufo de la cuarta entrega, probar el funcionamiento de la chula Chloe Frazier y la mercenaria Nadine Ross.

¿Qué tiene de nuevo este nuevo lanzamiento con respecto a Uncharted 4? Poco, muy poco. La mecánica no ha variado un ápice, y se aprovechan todas y cada una de las incorporaciones jugables de esta entrega. En los primeros compases de El legado perdido da la impresión de que nos íbamos a enfrentar a situaciones de sigilo en espacios cerrados, un poco más a lo Metal Gear Solid y tal; pero nada más lejos de la realidad, ya que esta sección da paso al viejo y cinemático Uncharted que todos conocemos ─y amamos─. Quizás lo llamativo a primera vista es que, tras la introducción jugable, Chloe y Nadine tienen la posibilidad de elegir sus objetivos, mostrándose un escenario que podremos explorar libremente con nuestro vehículo. Realmente, y más allá del poder encontrar tesoros escondidos, esta aportación dista bastante del concepto “mundo abierto”, quedándose solo en un “¿por dónde empiezo?” que, dadas las circunstancias, no está del todo mal. Hace que el grueso del juego se aleje de cualquier atisbo de repetición, susceptible de hacer acto de aparición si los templos y ruinas (algo semejantes entre sí) se hubiesen presentado de manera lineal.

Eso sí, decir que los entornos de esta nueva entrega cumplen con las expectativas del usuario más exigente sería quedarse corto. El nivel de detalle mostrado no es que sea sensacional; es que resulta rotundamente excepcional. Es increíble el mimo puesto hasta en lo más recóndito y pequeño, mostrándose continuamente estampas de una belleza inigualable (el modo foto da para horas). La cantidad de assets, las burrísimas texturas, los detalles absurdos para aburrir… Y eso por no hablar de las ya famosas animaciones marca de la casa. Es increíble lo que hacen unos valores de producción y el talento de un equipo portentoso, logrando que una vieja PlayStation 4 enseñe cosas que, por más que rebusco en el catálogo “master race” de PC, me es complicado de encontrar algo que se le acerque. Lo que hace Naughty Dog es capaz de que, pensando como desarrollador, se te quiten las ganas de meterte en algún meollo pensando que nunca podrías alcanzar ese nivel.

Donde Uncharted 4 puso alto el listón fue en la historia, con ese final que… Bueno, basta decir que se firmó una trama que se lo pondría muy difícil a cualquier secuela. Es por ello que El legado perdido asume su condición de “juego menor” (con unas comillas muy gordas) y presenta una aventura que desde el principio se intuye como poco trascendente, por decirlo de alguna manera. Aunque decir poco trascendente a eso de verte envuelto en una guerra civil y jugando continuamente con la muerte suene a coña; pero el jugador veterano de la franquicia identificará de primeras el tono ligero imprimido. Y lo asumirá y disfrutará como la buena aventura de Uncharted que es. En esta ocasión, Chloe Frazier contrata a Nadine Ross para recuperar una antigua reliquia india, tratando de impedir por todos los medios que caiga en manos de un implacable señor de la guerra. Ambas se aventurarán en lo más profundo del país, descubriendo ciudades perdidas mientras caminan, luchan, saltan, trepan y demás situaciones extremas en busca del Colmillo de Ganesh.

La historia es ciertamente notable, si bien carece de impactos que, a la usanza de Uncharted 4, se te graben a fuego en el cerebro. El legado Perdido es un cuento de aventuras puro y duro, muy a lo Indiana Jones, o sea, más cercano a los conceptos e ideas del primer y original Uncharted. Chloe es en verdad muy similar a Nathan, soltando continuamente chascarrillos y sonriendo ante la muerte. En este sentido, muy pocos son los cambios; quizás ella es más puñetera, más punzante con todo lo que sale de su boca. La hermana guapa de Aída Nízar tiene una compañera que a priori resulta más interesante que ella misma; y es que Nadine se aleja bastante del arquetipo que hasta ahora ha representado a los protagonistas de la serie. Es seria, delata preocuparse por sus compañeros más allá de una broma, y su rostro delata que guarda en su interior más de lo que hace ver. Celebro la inclusión de Nadine Ross en el elenco, y su presencia augura buenos momentos para los futuribles Uncharted. ¡O al menos así lo espero!

Por lo demás, estamos ante una obra ejemplar en lo jugable y que conjuga como pocos el factor lúdico puro y duro con una narrativa sobresaliente. Además, el ritmo de su gameplay, a veces irregular, pega un subidón a partir de la mitad de la aventura con un colofón espectacular que dispara la adrenalina a lo más alto. Los tiroteos siguen siendo geniales, con momentos muy desafiantes (disfrutadlo no empezándolo en normal) y secciones de escalada y plataformeo idóneas tanto para recrearse con los escenarios como para divertirnos sin complejos. Ah, y los puzles, con enigmas muy majos (el de las sombras me pareció estupendo). En definitiva, las ocho-nueve horas del modo historia son magníficas, en lo que es una duración idónea. No se nos puede olvidar un multijugador que conserva muchísimos adeptos, y que para la ocasión ofrece exactamente el mismo contenido (tanto para multijugador como para supervivencia) de Uncharted 4.

Uncharted: El legado perdido es un título que tiene que estar en tu estantería sí o sí. Hay que aplaudir el esfuerzo de Sony de cara a llevar a los usuarios producciones de primer nivel a precios fantásticos, y os aseguro que pagar 35 euros por un trabajo como este es casi un regalazo. El nivel de Naughty Dog, aunque ya es sobradamente conocido por todos, no deja de sorprender y descuajarringar mandíbulas. Contar con tamañas obras, con semejantes valores de producción, es algo maravilloso, por mucho que mole el entorno indie y tal y cual. Dicho esto, y contemplando la trayectoria de la saga, no entiendo cómo pude ser tan ceporro en su momento con el primer Uncharted. No seáis tontos y no dejéis de conceder segundas oportunidades.

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