Con el mes de noviembre más que asentado, estamos asistiendo al ya clásico bombardeo de novedades con vistas a representar lo mejor de lo mejor de cada casa con respecto a la campaña de Navidad. Las grandes compañías sacan todo su arsenal durante estas fechas, teniendo lugar el siempre elegante acontecimiento de ver cómo las estanterías de las tiendas (físicas y virtuales) se llenan de frescos colores con los que alimentar nuestros ordenadores y videoconsolas. Es el momento en el que las franquicias más importantes del sector saltan con la iteración correspondiente, y a pesar de la tremebunda saturación de novedades, el jugón agradece este tradicional meneo al catálogo.

A pesar del mensaje de paz que viene de la mano con las navidades, una de las sagas que nunca faltan a la cita es Call of Duty. Curiosamente, la puesta de largo de la última entrega prácticamente ha coincidido con el lanzamiento de otro juego de temática bélica, como es la segunda parte de Wolfenstein. Pero al contrario que el juego de Bethesda, la propuesta de Activision se aleja de la ciencia ficción para trasladar su ambientación a la Segunda Guerra Mundial, en lo que a todas luces es una vuelta a los orígenes de la serie. Recordemos que Call of Duty comenzó siendo un juego en el que durante entregas y entregas la temática siempre estaba centrada en la Gran Guerra, siguiendo la estela de aquellos primeros Medal of Honor) y aparcando este conflicto en el brutal Call of Duty: World at War).

El concepto cambió a partir de Modern Warfare, que se atrevió a pasar del histórico conflicto para abordar un concepto más actual, así hasta llegar a la entrega del pasado año, el más que notable (e injustamente infravalorado) Call of Duty: Infinite Warfare, cuyo argumento era tan futurista que por momentos ciertas escenas podrían confundirse con las de un Halo. Lo cierto y verdad es que el público estaba pidiendo como agua de mayo un retorno a los viejos tiempos, y todo hay que decirlo, le ha sentado a las mil maravillas. Menos retropropulsores y carreras por las paredes y más M1 Garand y lanzallamas.

No obstante, no eran pocas las dudas que suscitaba este nuevo Call of Duty WWII, máxime tras los continuos bailes que a nivel de desarrollo está sufriendo la franquicia en estos últimos tiempos, y más tras la ya legendaria espantada de los activos de Infinity Ward tras los sonadísimos despidos de West y Zampella (hoy orgullosos responsables de la serie Titanfall). Cierto es que Inifinity Ward hizo un trabajo notable con el juego del pasado año, y por ello tocaba el habitual cambio de desarrolladora. Mientras la buena gente de Treyarch sigue pertrechada preparando el próximo ejemplar de la franquicia, tenemos a Sledgehammer Games al cargo de esta vuelta a los orígenes. Recordemos que no estamos ante unos novatos; estos muchachos ayudaron a Infinity Ward en la realización de Modern Warfare 3, del mismo modo que fueron los artífices de Call of Duty: Advanced Warfare. Igualmente, el proyecto ha contado con la ya habitual colaboración de la veterana Raven Software… ¿Qué puede fallar?

Después del espectacular despliegue de Battlefield 1, que supo retratar de manera especialmente efectista esa mirada al pasado, el modo campaña de Call of Duty WWII elige uno de los eventos más impactantes ─por definirlo de alguna manera─ de la Segunda Guerra Mundial: el desembarco de Normandía; un escenario que ha sido retratado en multitud de videojuegos bélicos, siempre al rebufo de aquella “Salvar al soldado Ryan” que nos dejó a todos tiritando con sus primeros y sangrientos minutos. Dos fueron los Medal of Honor que plasmaron esta incursión (Allied Assault y Medal of Honor: Frontline), del mismo modo que el segundo Call of Duty lo hacía en su octava misión. En todos los casos se trataba de un instante memorable, y Call of Duty WWII no iba a ser menos, golpeando nuestros sentidos con un visceral festival de crudeza que no dejará a nadie indiferente.

¿Qué han conseguido con la campaña de este World War II? Para mí hay dos cosas fundamentales, a pesar de que su abrupto final me ha dejado un poco extrañado (abrupto por la manera en la que termina la historia). En primer lugar, el guión consigue que sientas algo por los personajes desde el primer momento. La forma en la que se presentan, aunque repleta de tópicos, logran humanizar las figuras, y en plena batalla conformas lazos que se apoyan sobremanera en un carisma muy bien repartido. Todo ello en una trama que narra la ocupación de Francia, la ocupación de Bélgica y el cruce desde el río Rin hasta Alemania, en lo que es un marco de circunstancia que abarca entre los años 1944 y 1945. Los pilares de la campaña lo componen dos soldados de la 1ª División de Infantería: el jovencísimo Ronald “Red” Daniels y su amigo Robert Zussman, amén de otros compañeros que terminarán de redondear esa bonita sensación de familiaridad que Sledgehammer ha sabido plasmar a la perfección.

El otro factor fundamental que tiene esta campaña es el ritmo del juego en sí. Es una campaña cien por cien clásica, con todos y cada uno de los elementos característicos de esta franquicia. No faltan las secuencias de asalto, momentos de francotirador, resistir al enemigo en un punto… tendremos hasta escenas de frenética conducción, muy al estilo de Medal of Honor: Warfighter o Battlefield: Hardline. Y algún que otro “quick time event” para resolver determinadas situaciones cien por cien cinemáticas. La sabia mezcla de elementos proporciona diversión inmediata, con las pausas justas y los subidones adecuados. El reto de gestionar los botiquines, como en los viejos tiempos ─se acabó eso de recuperar salud sin hacer nada─ añade esa salsa que tenían los viejos first person shooters. Y creedme si os digo que con esto la jugabilidad ha ganado enteros.

Queda hablar del espectáculo audiovisual que supone esta campaña, tremendo en las resoluciones que ofrecen PS4 Pro y Xbox One X ─y en un buen PC, por supuesto─ e igualmente potente en las consolas de siempre, donde en ningún caso notaremos que se bajen las ya características sesenta imágenes por segundo de la franquicia. En primer lugar, llama la atención la sobresaliente captura facial, con personajes muy, pero que muy humanos (esencial de cara a la historia, todo hay que decirlo). Las texturas y la amplitud de los escenarios reafirman un arte muy bien diseñado y que consigue ambientar todos y cada uno de los escenarios a la perfección. Ayuda sobremanera un sensacional tratamiento del sonido (y un doblaje al castellano francamente notable), lo cual unido a la banda sonora firmada por Wilbert Roget II (Star Wars: The Old Republic) refutan lo que es un apartado técnico que está muy por encima de las circunstancias.

Para muchos usuarios, la verdadera salsa de Call of Duty está en el multijugador, y como cabría esperar, esta entrega no decepciona en absoluto. Tras todo lo dicho en el modo campaña, hay que matizar que en el multi sí se recupera la regeneración de vida clásica, quedando fuera de la ecuación el factor botiquín. En sí nos vamos a encontrar con una modalidad que sigue a pies juntillas las premisas que caracterizan a la serie, con todo el caos y frenesí de siempre, en contraste con un entorno bélico caracterizado por su ambientación viejuna (y, claro está, la lentitud de las armas). Así lo viviremos en “duelo por equipos” “capturar la bandera”, “buscar y destruir”… Variedad para compartir vicio en los más de diez mapas incluidos, pensados, a pesar del veloz ritmo de juego, para imprimir un gameplay más pausado.

Es de justicia añadir que el multijugador de esta entrega ha mirado más que nunca hacia títulos recientes y de éxito, como es el caso de Overwatch. Se nota en la mentalidad con la que se abordan las refriegas en diversas modalidades, así como la forma en la que se gestiona el conjunto. Sigue siendo Call of Duty, por supuesto, pero estos marcados matices contribuyen a mi parecer a que la competición en la saga gane enteros y sea mucho más ágil en lo que a progresión se refiere. Aparte, teniendo en cuenta el mimo al que Activision somete al producto durante su año de vida (y no lo digo porque el juego solo vaya a estar un año activo, porque no es así), este WWII crecerá y crecerá hasta convertirse en un auténtico monstruo. Quizás, con los precedentes sentados tanto en lo concerniente a la temática como por los pequeños cambios en el multijugador, es factible el que esta iteración se convierta en un clásico que tenga años de vigencia.

No se nos pueden olvidar los famosos zombis, que vuelven bastante remozados. El factor jugable sigue en la misma línea, y volvemos a los escenarios amplios repletos de secretos y posibilidades. Lo que sí podemos afirmar es que, aparte de ser una de las opciones más divertidas de este Call of Duty, es que los que sufríamos con las anteriores apariciones de los muertos vivientes en la saga lo tendremos más fácil. Y es que los nuevos zombis ─diversos en tipología, dicho sea de paso─ son más permisivos con el usuario, permiten que las partidas sean duraderas, aumentando y mucho la diversión. Yo al menos me lo he pasado bomba tanto en solitario como jugando con amigos.

WWII es una entrega muy a tener en cuenta. Como todos los años, los aficionados a la veterana serie tienen aquí una cita ineludible, con el plus de que este lavado de cara con miras al pasado surte efecto en pos de que todos aquellos que añoraban la ambientación con la cual nació Call of Duty tienen motivos para alegrarse, en lo que es un destacable ejercicio de buen hacer y progresión sin necesidad de dobles saltos y drones. Encandilará a los fans de los juegos de acción en primera persona, de los amantes de lo bélico y, en general, a todo aquel que guste de un buen videojuego. Es, en definitiva, el Call of Duty de siempre con ese traje antiguo que tanto nos gustó.

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