De sobra es conocida por todos la absoluta pasión de SNK por los juegos de lucha uno contra uno. Nombres como Fatal Fury, Art of Fighting, Samurai Shodown o The King of Fighters están en boca de todos gracias a los grandes alardes de la compañía a la hora de potenciar este género en su añorada y todavía poderosa Neo Geo. Pero lo que no es tan de dominio público es el excelente toque que ha venido dando SNK a los beat’em up (los “yo contra el barrio” de toda la vida) desde hace muchos años… ¿Qué os parece si damos un liviano repaso por las refriegas callejeras de la compañía de Osaka? Os será grato ver que hay un mundo más allá de Streets of Rage, Cadillacs & Dinosaurs o Double Dragon.

Como ya se ha dicho, SNK ha estado en el negocio de los arcades recreativos desde prácticamente el principio de estos. Ya desde los tiempos del Ozma Wars allá por 1979, estos japoneses destacaban por méritos propios en lo que a la calidad de sus juegos se refiere, abarcando la mayoría de los géneros existentes y consiguiendo siempre grandes resultados, y por supuesto que en el terreno de los beat’em up no iban a ser menos. Así pues, en 1988 lanzaría uno de sus títulos más espectaculares, que adoptaba con grandes dosis de espectacularidad los ingredientes que tanto éxito dieron al anteriormente citado Double Dragon de Technos. Estamos hablando del genial P.O.W. Prisoners of War (1988).

Prisoners of War

P.O.W. nos metía en la piel de un prisionero de guerra en plena función de escapada. Eso sí, olvidándose totalmente de sutilezas al estilo The Great Escape de Ocean… aquí nuestra misión será avanzar y usar nuestras habilidades con los puños y las piernas, en una desigual lucha contra todo un ejército. Además, también tendremos la posibilidad de agenciarnos diferentes armas, tales como la brutal ametralladora, cuchillos, etc. Prisoners of War es bastante parecido a los dos primeros Double Dragon, de los cuales hereda desde el sistema de juego hasta la forma de representar los puntos de vida. A pesar de todo, el juego de SNK logra superarlo en espectacularidad, con escenas tan memorables como el helicóptero que nos acosa en la primera fase, las tanquetas soltando soldados, y demás detalles de calidad que en conjunto adornan aún más esta maravilla para dos jugadores que también se pudo disfrutar en la consola NES.

Prisoners of War

Un año después, SNK experimentaría en el género con la tercera entrega del clásico Ikari Warriors: Ikari III: The Rescue. Básicamente, seguía las bélicas premisas de los anteriores juegos de la saga, sólo que en esta ocasión se sustituía el componente de shoot’em up por el del beat’em up. El resultado es un juego bastante curioso, un arcade de lucha con apariencia de juego de disparos, y con un aspecto realmente magnífico. Ah, y al igual que el resto de los Ikari (y muchos otros juegos como el genial Midnight Resistance de Data East o el mismísimo Arkanoid), se jugaba con el llamativo control direccional giratorio.

Ikari III

Ese mismo año, la compañía Alpha Denshi ─siempre bajo el auspicio de SNK─ programa el divertido Gang Wars, un arcade muy al estilo del mítico Renegade. Sin ser una obra brillante, esta recreativa consigue su propósito con creces: entretener… ¡y mucho! Aunque no podemos dejar de decir que, a día de hoy, ha envejecido realmente mal.

Gang Wars

A principios de los 90, SNK decide dar un giro a su producción, coincidiendo con el cambio del hardware que soporta sus juegos. Estamos hablando, claro está, de la potentísima Neo Geo. Es cuando, aún en plena fiebre Final Fight, la nuestros chicos deciden sacar un clon del juego de Capcom (algo que, dicho sea de paso, parece haber sido una constante en la trayectoria de la compañía): Burning Fight (1991). Este arcade, protagonizado por tres muchachotes expertos en “repartir” (y no porque precisamente trabajen en SEUR), adoptaba en su mecánica todos y cada uno de los puntos que hicieron famoso al grandísimo Final Fight, llegando incluso a algo más que inspirarse en los personajes. Aún así, Burning Fight se sujetaba y bien en el hard de Neo Geo para auparse en ciertos aspectos sobre el juego de Capcom, denotándose sobremanera en detalles como el exhuberante colorido o la contundente sonorización de la banda sonora (donde se dejaba ver la gloriosa mano de los músicos de Art of Fighting). Cierto es que la jugabilidad no estaba tan a la altura de las circunstancias (matices como el errático hitbox fastidiaban sobremanera), amén de que ni los medios ni el gran público llegaron a apreciarlo como realmente se hubiera merecido.

Burning Fight

Pero el auténtico crack de los beat’em up de SNK está al llegar. Sengoku (1991) y Sengoku 2 (1993) son dos auténticos juegazos (más el segundo que el primero) que imprimen un magnífico toque místico al arte de dar mamporros y sablazos en las calles. Bueno, digo calles, aunque estos juegos nos transportan a algo más que un paseo por barrios orientales; recorreremos dimensiones espirituales, místicos escenarios de China, y un montón de exóticos lugares en los cuales nos tendremos que esforzar al máximo para acabar con espectaculares enemigos que, aparte de alucinarnos por los diversos zooms y demás efectos gráficos, pondrán toda la carne en el asador para acabar con nosotros (no eran un paseo, vaya). Combatiremos a caballo, nos transformamos en diversas entidades guerreras (perro ninja incluido)… todo esto y más en un conglomerado de buenísimos gráficos y mejor música, que dejan en evidencia a jueguecillos paupérrimos como Ninja Combat. Ambas partes recomendables cien por cien (no así la patética versión de Sengoku desarrollada para Super Famicom).

Sengoku 2

También corriendo en los potentes circuitos de Neo Geo MVS tenemos al peculiar Robo Army. En este cibernético juego nuestra misión será pararle los pies a un científico loco que se ha puesto a fabricar ingenios mecánicos para apoderarse del planeta… nada fuera de lo normal. Y lo mismo pasa con el juego, que sin ser un título especialmente destacable, mantiene pegado a la pantalla hasta al más escéptico de los jugadores a base de premisas cien por cien arquetipo, repartiendo a diestro y siniestro con nuestro inimitable y robótico estilo. Como curiosidad a destacar está el cyborg gorilesco que aparece, con toda la pinta de ser familia del gigantesco simio de Strider.

Robo Army

Visto queda que 1991 fue el año de los beat’em up para SNK (la verdad es que en esta época estaban muy de moda), y la compañía, bajo licencia de Pallas, convirtió en videojuego al televisivo Eightman, dando lugar a un frenético juego de lucha que mostraba sus increíbles virtudes jugables junto a un más que sorprendente aspecto visual. Sus mareantes scrolles, casi siempre a toda velocidad, nos metía en la piel del héroe primo-hermano de RoboCop en un juego que parece una versión veloz del clásico Dragon Ninja.

Eightman

Para terminar en el recorrido de los “machácalos a todos” de SNK, me gustaría destacar al monstruoso Mutation Nation. Un juego verdaderamente asqueroso (por el mutado aspecto de los enemigos) y con una calidad realmente acongojante, que supuso todo un paso hacia delante con respecto al ya de por sí destacable Burning Fight. Aquí la situación se traslada a un mundo post-apocalíptico, en la que una malvada corporación ha estado desarrollando experimentos que han logrado mutar a los seres vivos en verdaderos monstruos. Nuestra misión, cómo no, acabar con la maldad que asola el mundo mediante nuestras artes marciales. Espectáculo puro, amigos.

Mutation Nation

Sin llegar a entrar en la época decadente de SNK y sus desvaríos con Aruze, Eolith o Playmore (etapa que tiene algunos buenos brawlers, todo hay que decirlo), terminamos con este breve paseo por la historia de los beat’em up de la compañía de King of Fighters, con lo que podréis haceros una idea de lo grande y mítica que es y será para siempre esta mítica casa. Tocase el género que tocase ─ya hablaremos algún día de sus geniales matamarcianos─, siempre haría algo majestuoso, dignos del apelativo de grandes clásicos del mundo del software lúdico. Quizás no a la altura de los mejores ejemplares, pero siempre con la sustancia precisa para calar entre los que amamos los videojuegos por encima de todas las cosas. Que ustedes lo peleen bien.

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