Me hubiera encantado ilusionarme con este nuevo Zelda desde mis primeras partidas, pero muy a mi pesar esto no fue así. Es lo que tiene ser una fan loca que no atiende a razones cuando tocan una saga tan, tan sagrada, que su misma evolución se ha visto coartada por no atreverse a manipular una fórmula que les ha funcionado con leves cambios durante treinta años. Vale que cada entrega intentaba aportar su propia personalidad y dar algún que otro pequeño paso hacia delante, pero siempre eran pasos que se sentían temerosos de cagarse fuera, de pisar donde no debían. Hasta títulos tan particulares como Majora´s Mask o Spirit Tracks se sentían como “Zeldas” de pura cepa a pesar de los no pocos intentos por ser diferentes; ni tan siquiera algo que a priori podría parecer tan atrevido como A Link Between Worlds ─con eso de dejar a nuestra elección desde el inicio qué objetos conseguir y con ello administrar el orden de las mazmorras─ resultaba en una experiencia tan diferente del original A Link to the Past.

Sinceramente, después de un título que te dejaba jugar tanto y tan bien con los resortes de la saga como Skyward Sword, donde su desarrollo no daba tregua al factor “videojuego”, encontrarme con una entrega tan dispersa en su propuesta y que le deja tanta libertad al jugador a la hora de recorrer los caminos del Señor, resulta como poco desconcertante. De verdad que me cuesta horrores imaginarme a un fan de la saga disfrutando esto como si no hubiera un mañana desde el primer minuto, y aviso desde ya por si lo habéis escuchado por ahí de que no, esto no es como el primer The Legend of Zelda de Nes; ni de broma. Me cuesta percibir como aciertos que a las dos o tres (o cuatro) horas de juego ya tenga un cartelito que ponga “misión principal: mata a Ganon” o que ya disponga de todas las herramientas importantes para afrontar la aventura, objetos a los que anteriormente se les daba no quizá tanta importancia y versatilidad como aquí, pero desde luego más protagonismo.

Y soy consciente al intercambiar opiniones con amigos de que esto es mucho más duro de afrontar para el fan retrógrado que para el neófito, ya que este último no percibe nada más que lo que el juego ofrece; y que es, por otro lado, mucho y muy bueno. Pero volviendo al fan prejuicioso que soy, no podría dejar de señalar lo difícil que es para mí asimilar como parte de una nueva entrega de una de mis sagas preferidas todo lo que aborrezco de los sandbox: limpiar los campamentos de malos, los paseos y la exploración plana y totalmente gratuita y, sobre todo, las putas atalayas. Porque sí, amigos, la nueva aventura de Link es totalmente mundo abierto en el sentido más pleno y menos revolucionario de la palabra. Abraza sin tapujos tanto ideas de un Far Cry, como de un Assassin´s Creed, sin olvidarse de juegos tan influyentes como Shadow of the Colossus, Dark Souls e incluso, dios me libre, quizá Minecraft. Por lo tanto es inevitable sentir cierta pena al ver cómo una saga tan grande ha terminado mirando hacia los lados como nunca antes lo había hecho.

Por todo ello cuesta un montón despejar la mente y dejarte llevar por lo que sin lugar a dudas es una nueva experiencia dentro de la saga. Me habrá llevado cerca de cuarenta horas entender a dónde han querido llegar en Nintendo con este Breath of the Wild, pero madre mía cuando logras entenderlo. Al final caes del burro y te sorprendes a ti mismo disfrutando de un Zelda de maneras que nunca hubieras imaginado que podrías. Entonces descubres que los mecanismos que hacen grande a esta entrega dependen tanto de lo que estés dispuesto a dejarte llevar y a jugar sin prisas, como de entender que quizá la saga estaba más encorsetada de lo que queremos reconocer. En ese sentido, y tras muchas, muchísimas horas de juego, he abierto la mente a un concepto que no tiene que ser peor por ser diferente o porque al fin mire con descaro a otras franquicias, sino que es una nueva aventura en Hyrule para otros tiempos e incluso para otro público. Uno que, con toda probabilidad, o es nuevo en la serie o ha crecido con ella, y por lo tanto, está lejos de ser aquel chaval que descubría con asombro Ocarina of Time.

Es muy bonito cuando el programa al fin consigue atraparte y hacerte tilín, cuando descubres ─como diría Mauri─ que Zelda realmente estaba ahí esperándote en algún rincón de su extensísimo mapeado. Y es entonces cuando te dan igual las atalayas, o incluso que el utensilio principal de Link, la Piedra Sheikah, sea en realidad un smartphone al que ir actualizando y que, para más inri, su mejora la convierte, literalmente, en “Piedra Sheikah+”… concesiones para los tiempos que corren. Pero todo eso da igual, porque lo que la nostalgia te dice que ha perdido de “auténtico”, el sentido común te hace verlo como algo realmente natural. Y es innegable lo mucho que se refuerza la sensación de aventura y descubrimiento con este nuevo planteamiento libre. Mientras vas recorriendo Hyrule dando palos de ciego y muriéndote de frío a tu suerte en una montaña nevada, es muy fácil terminar deprimido. Pero es un subidón el que se siente al descubrir que ciertas fórmulas siguen ahí, desdibujadas y reinterpretadas, pero deseando ser descubiertas por el fan que no tiene consuelo; y puedo garantizar que el hombro de la saga en el que verter nuestras lágrimas llega tarde o temprano.

Esos retazos de historia diseminados por todo el mapa van dibujando poco a poco la épica de un argumento que muestra mucho respeto por su legado, al igual que todos esos santuarios o pequeñas mazmorritas también dispersas por todo el vasto terreno dan un nuevo sentido al concepto clásico que podemos tener de “mazmorra”, pero no por ello eso es todo lo que esta entrega tiene para ofrecer; esto es más, mucho más que todo eso. Ahora entiendo que el otorgarnos todos los poderes cuando aún damos nuestros primeros pasos y sin ser todavía conscientes de lo bien que se complementan entre ellos, no es sino la forma que tienen sus programadores de darnos una libertad real, mucho más palpable que en la mayoría de mundos abiertos. Porque en Breath of the Wild realmente vamos a encontrarnos muy pocas limitaciones en su desarrollo, y si te empeñas en escalar cierta montaña o en vencer a cualquier enemigo gordo de los que pululan por ahí, vas a poder conseguirlo independientemente de que estés apostando por subir stamina o por conseguir más corazones, siempre hay otra forma de hacerlo adaptada a cómo estás afrontando la aventura.

Lo mismo pasa con los santuarios: parece imposible llegar a uno que no puedas resolver. Puede que aún no tengas la solución, pero te aseguro que las herramientas y las posibilidades sí que las tienes, seas consciente o no. Todo esto crea la ilusión de estar en un mundo realmente libre y sin límites como pocas veces nos han ofrecido de forma tan carismática y concienzudamente bien estudiada. También es cierto que se gestiona regular el reto-recompensa, como prueban unas side quest muy divertidas y variadas pero que contrastan con unas recompensas que te hacen replantearte en tu esquema de prioridades si realmente vale la pena invertir tiempo (y en ocasiones, rupias) en ellas. Este poco interés por recompensar al jugador de la forma más tradicional que conoce el RPG, junto con una hostilidad que me viene mejor de parte de From Software que de Nintendo, con escasa información de qué hacer, enemigos que te mandan al otro barrio de una hostia, armas que se rompen ridículamente rápido y un medidor de frío/calor que nos llevará por la calle de la amargura, provocan un leve desconcierto en más horas de las esperadas. Pero como decía, eso es algo que no siempre tiene porqué ser malo y que, por supuesto, no todos los jugadores perciben igual.

Donde desde luego hay poca discusión es en el apartado audiovisual, ya que pocos títulos saben sacar tanto partido de las limitaciones de su motor gráfico, siendo un portento en Switch tanto en modo portátil como en la tele, estando lastrado este último modo por unas rascadas tan inoportunas como incomprensibles. Me chifla sobre todo lo bien usado del cel shading, con unos personajes que poco tienen que envidiar al maravilloso estilo cartoon de The Wind Waker, con zonas y NPC que bien podrían estar diseñados por el mismísimo Eiichiro Oda. También me parece sublime lo sutil de la banda sonora, apareciendo justo cuando toca, aunque no deja de echarse en falta una canción de apertura que ponga los pelos de punta y la épica en el cuerpo al instante como el tema principal de Skyward Sword.

Al final estamos ante un producto tan especial que es difícil redactar sus bondades sin entrar en el terreno del spoiler, ya que hay tantos y tantos detallitos que no se han filtrado que sería una pena que os los jodierais aquí. Es cierto que Zelda está ahí, y te va a emocionar mucho cuando lo descubras, y que quizás algunos de los momentos más épicos de la saga se den aquí, al igual que veo bastante fácil el que a más de uno le pueda parecer la aventura de Link definitiva, pero es un hecho que sí hay cosas que se han perdido irremediablemente y que no van a aparecer por mucho que llores ─y ya veremos si para siempre─. Al final he acabado emocionándome mucho con Breath of the Wild, pero por motivos diferentes a los que me tiene acostumbrado la serie, y me he dado cuenta que aunque el juego no es perfecto, el problema realmente lo tengo yo por ser tan obcecado, ya que no hay absolutamente nada en él que me de motivos para reprocharle por lo perdido.

Lo que antes era una treta argumental y de diseño para hacerte creer que descubrías algo importante de historia o un objeto imprescindible, algo icónico, ahora es un descubrimiento real y emocionante que contar a tus amigos. Y al final esa sensación es la que predomina al apagar la consola. Incluso puede que sea esa misma sensación de aventura lo que haya buscado la saga todos estos años.

2 COMENTARIOS

  1. Excelente análisis. Quizás hubiera incidido un poco más en algunos de los problemillas que apuntas, más que nada como contraste a tanta crítica complaciente, pero me parece un texto personal y enriquecedor. Es uno de los pocos, además, que leo desde la perspectiva del fan tradicional pero con una mirada honesta sobre lo que es y lo que significa la saga para sus jugadores.

  2. Después de leer el análisis, estoy de acuerdo en parte con lo escrito.
    Quizás porque yo no soy una fan de la saga Zelda, me he encontrado con un juego que en mi primera impresión me dejó con un buen sabor de boca.

    Ni soy fan ni soy un hater (que tan de moda están ahora) de la saga pero me encuentro con cosas que me han gustado bastante como el propio mundo en el que nos movemos con un montón de sitios a descubrir, sin apenas limitaciones a la hora de moverte ya sea por tierra, mar, aire o escalando, con zonas reconocibles del juego de SNES como la aldea de Kakariko, los poderes que da el cacharro que llevamos, la recolección de objetos para crear elixires y comidas, el abanico de armas, momentos álgidos en cuanto a descubrir zonas o salir victorioso de una pelea… hay muchas cosas que me gustaron desde el principio y que han traído un aire renovado a la saga que le ha sentado muy bien.

    Pero también hay cosas que no me han gustado como el mundo casi vacío en el que lo pueblan unas pocas clases de criaturas, la absoluta bazofia de la rotura de las armas que es un coñazo de la virgen y me hace estar pendiente siempre más en la elección del arma y que no se te rompa que en la propia situación de un combate, que no se puedan craftear objetos para la fabricación de armas y armaduras (ya puestos a hacerlo con la comida…), los santuarios, a mi me parecen muy sosos en la mayoría de los casos, los enemigos que hay en los mismos son casi idénticos entre si, no hay variedad… hay ciertas cosas que se podrían mejorar.

    Al final lo que veo es un juego que juntando los pros y los contras, me está dando muchas horas de diversión que normalmente no me darían o me han dado los otros Zeldas (salvo el A Link to the Past). Para mi es un juego para enmarcar en la trayectoria de Nintendo, tiene infinidad de cosas por descubrir, te da sorpresas a cada paso que das, gráficamente se porta bien y está a la altura de lo que es Nintendo, es decir, que son muy bonitos y coloridos pero no va más allá, musicalmente también está muy bien, los movimientos con el stick son muy precisos y reaccionan perfectamente…

    En fin, que me ha gustado leer un artículo escrito de forma íntima y personal y no las tonterías que se leen en ciertos sitios por “profesionales” que hacen quitársele a uno las ganas de leer más allá de publicaciones retro, porque ahí no hay intereses ni se necesitan vender toneladas de copias a base de mentiras y mercadeos.

    Huy, que disperso ando… ale, un saludo.

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