Que antaño disfrutara con los clásicos Tomb Raider no significaba el que comulgara con su protagonista. Aquella Lara Croft me parecía un personaje superficial que apenas aportaba matices susceptibles de hacer mínimamente interesante el desarrollo argumental de sus aventuras. Las cuales, todo hay que decirlo, prevalecían por el valor intrínseco de los videojuegos en sí, sobre todo en aquellos dos primeros y sorprendentes títulos ejemplares en lo que era un diseño de niveles cien por cien orientados al factor lúdico. Pero, tras la decadencia de aquel Angel of Darkness que suscitó el cambio de Core Design por Crystal Dynamics, Lara evolucionó sobremanera, a pesar de que, todavía siguiendo la estela de las viejas entregas, el perfil de la señorita Croft se encontraba a esas alturas demasiado definido como para ofrecer algo distinto.

Pero en esta moda en la que los reboots de cualquier cosa tienen cabida, Square Enix decidió hacer borrón y cuenta nueva. El objetivo en primera instancia era el de lanzar un nuevo Tomb Raider que no tuviera por qué ruborizarse al mirar de tú a tú al “alumno aventajado”: Uncharted. Así, y ya habiendo pasado siete años desde que Crystal Dynamics entrara en la franquicia, la desarrolladora contó con total libertad para llevar a cabo un reinicio contundente, acompañando para tal fin un presupuesto a la altura de tan complicada empresa. El resultado lo conocemos todos, teniendo lugar en 2013 la aparición de un Tomb Raider cuyo lore no tardó en eclipsar la estela de la obra de Core. De repente, Lara Croft dejó de ser una aventurera absurdamente temeraria y chulesca para transformarse en una mujer que sufría, que se preocupaba por sus compañeros y que de verdad parecía poner todas sus energías en cada uno de sus saltos. Y que no se divertía matando.

El éxito del reboot no se hizo esperar, con una aceptación capaz de traspasar generaciones, saliendo, además de en PC, PS3 y Xbox 360, en PlayStation 4 y Xbox One. En 2015, en un principio en exclusiva para las consolas de Microsoft, llegó a las tiendas Rise of the Tomb Raider, continuando con las aventuras de una Lara que crecía entrega tras entrega. Lo que no cambió fue el concepto, la metodología lúdica, que no varió un ápice, aglutinando nuevamente la exploración por un escenario más o menos abierto, el sigilo, los tiroteos y, claro está, los saltos y demás piruetas mortales. Como no podría se de otra manera con un ejemplar tan notable, Rise of the Tomb Raider tuvo una buena recepción, si bien los bizantinos acuerdos relativos a la exclusividad temporal de su lanzamiento supuso un pequeño revés en las ventas. En todo caso, los números eran lo suficientemente razonables como para seguir con Lara Croft en una tercera parte de este sensacional reboot, siendo ahora Eidos Montreal la casa que asume la responsabilidad del grueso del desarrollo, siempre apoyados por Crystal Dynamics, hoy ocupados con el desarrollo del juego basado en los personajes de The Avengers.

El escenario, los efectos, la propia protagonista… Todo en Shadow of the Tomb Raider es maravilloso, un trabajo cuidado hasta la médula con el único fin de hacer que te veas envuelto en una historia de la que podemos decir sin temor a equivocarnos que es la mejor de la nueva trilogía. Continúa el concepto del sandbox guiado, con esa jugabilidad fruto de un batiburrillo de conceptos que mezcla de manera muy inteligente la acción y la aventura con un factor supervivencia que se lo debe todo a la cinematográfica puesta en escena. Es posible que este episodio sea el que más mira hacia el que otrora fuera “el que tomaba nota”, Uncharted, particularmente hacia sus últimas entregas; pero es de justicia decir que la obra de Naughty Dog solo puede transmitir buenas cosas. De todas maneras, Shadow of the Tomb Raider no cede un ápice en su personalidad, y esto es algo que Crystal Dynamics estableció muy bien desde aquel ya lejano Tomb Raider del 2013.

La mayor crítica que se le puede hacer es el de la originalidad, ya que el factor innovación brilla por su ausencia. Shadow of the Tomb Raider repite todos y cada uno de los esquemas de los juegos previos, desde la manera de movernos por el mapa, pasando por el árbol de habilidades hasta llegar a la gestión de los checkpoints y la gestión de nuestro inventario. Los cambios se sienten más en lo que es la acción, rebajándose considerablemente las refriegas para potenciar las mecánicas de sigilo. Hay quién ha visto en esta reiteración algo condenable, pero, poniéndonos serios, considero que aquel que saca el látigo para fustigar al juego por esto es que, simple y llanamente, no disfrutaron con lo que ofrecían sus predecesores. Y esto lo digo porque yo, que me lo pasé genial con estos juegazos, me he sentido extremadamente cómodo a los mandos de Shadow of the Tomb Raider, moviéndome con absoluta familiaridad a través de un gameplay que me encanta y sobre un guión (obra de Jill Murray, que sustituye a Rhianna Pratchett) que engancha de medio a medio.

Además, estoy completamente convencido de que el nuevo escenario va a encandilar a propios y extraños. La investigación tras la pista de La Trinidad lleva a Lara a lugares tan atractivos como México y Perú, hasta llegar a la ciudad oculta de Paititi, en la selva más peligrosa de América Central. Rituales grotescos, eclipses, poderosos artefactos de origen precolombino, animales salvajes… Todo puesto al servicio de los que supieron apreciar las mieles de Tomb Raider y Rise of the Tomb Raider. Además, se incorpora un modo de dificultad idóneo para los usuarios experimentados, ya que hace desaparecer del decorado las señales y marcas que nos resaltan por dónde ir o trepar. Esto indiscutiblemente convierte la presente aventura en un reto muy acorde con el escenario de supervivencia implícito en la historia.

Técnicamente intachable ─tremendo tengas la máquina que tengas─ y con una banda sonora de aúpa (obra de Brian D’Oliveira, al que hemos podido oír en Tearaway y en Resident Evil VII: Biohazard), el único matiz que puede chocar al principio es un pequeño input-lag en el control, algo que ocurre tanto en PlayStation 4 como en Xbox One; no así en PC. Uno se acostumbra rápidamente a ello, pero no deja de ser significativa la existencia de ello teniendo en cuenta que Rise of the Tomb Raider tuvo que bregar con este lastre en sus primeros meses. Se arregle o no ─apostamos a que sí─, Shadow of the Tomb Raider es un fantástico remate para una trilogía que se merece todos los elogios posibles. Juegazo, gente.

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