Hace ya unos cuántos años, concretamente en el 2006, descubrí en PlayStation 2 un grandioso juego llamado Dragon Quest VIII. La octava entrega de la serie me abrió las puertas a una enorme franquicia que ya tiene once entregas, sin contar los numerosos spin-offs y remakes que han salido. Por fin la saga continúa con su serie principal en la undécima entrega, llamada Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido. No obstante, la realidad es que este Dragon Quest ya fue lanzado hará un año y unos meses en Japón, apareciendo tanto en PlayStation 4 como en PC y 3DS. Por fortuna no hemos tenido que esperar muchos años antes de poder jugar a esta entrega, como desgraciadamente sí pasó con anteriores episodios. Hubiera estado genial poder disfrutar también de la versión para la portátil de Nintendo, especialmente su estilo retro clásico. Esperemos que Square-Enix se anime a traerlo lanzarlo más allá de las fronteras del país del sol naciente. Pero centrémonos en la versión aquí comercializada, la de PS4… ¿Mantiene la esencia de la serie? ¡Vamos a averiguarlo!

Dragon Quest XI nos pone en la piel de un joven que posee una marca misteriosa que le otorga poderes especiales. Tan solo sabiendo que es la reencarnación del Luminario, un héroe legendario que venció a la oscuridad, tendrá que ponerse en marcha hacia otras regiones en pos de desentrañar el misterio. Obviamente, y al más puro estilo de la saga, no todo es tan sencillo como parece; la historia se irá complicando, nos encontraremos con otros aliados y, finalmente, tendremos que salvar el mundo de una grave amenaza. Las historias de los Dragon Quest siempre son interesantes, y la del capítulo que hoy nos ocupa no es una excepción. Esta undécima entrega coge muchos elementos de sus predecesores para unirlos, hacerlos más grandes y más accesibles. Por ejemplo, tenemos de regreso el mapamundi enorme y a escala real de Dragon Quest VIII, pero dividido en secciones como el de Dragon Quest IX. En estos mapeados existen diferentes rutas, puntos de exploración, cofres, recursos y, por supuesto, enemigos. Como en el noveno juego, estos enemigos ya no son aleatorios, sino que salen en el mapeado o mazmorras, de manera que vamos a poder controlar mejor si queremos o no luchar contra determinados monstruos.

Uno de los cambios que vamos a notar al momento es la ausencia del sistema de tensión. Este sistema consistía en acumular poder para mejorar la defensa, la fuerza y el poder hacer un ataque muy potente. En su lugar tenemos el sistema de inspiración, un método que de forma aleatoria mejora a los personajes con un aura durante varios turnos, aumentando su fuerza, defensa y posibilidades de asestar un crítico. Este sistema de inspiración también nos permite, siempre que tengamos las magias/habilidades adecuadas, utilizar ataques combinados entre los miembros del equipo (al más puro estilo Chrono Trigger o Final Fantasy IV: The After Years), y son técnicas muy potentes que pueden dar la vuelta a un combate en un instante. Y como en anteriores juegos de la saga, el farmeo y equipamiento son esenciales para el éxito. A partir de la octava entrega podíamos usar una herramienta muy útil llamada Pote Alquímico, que nos permitía crear armas, armaduras, accesorios e incluso mejoras de objetos curativos. En su lugar, en Dragon Quest XI tenemos la Forja Fantástica, una herramienta que también nos permite forjar armas, armaduras y accesorios… siempre y cuando tengamos las recetas y los materiales adecuados. Si lo tenemos todo, las recetas las encontraremos esparcidas por el mundo en cofres y libros, y podremos mejorar el objeto final golpeando con precisión con el martillo.

Otra de las novedades que aporta Dragon Quest XI son las monturas. Podemos ir a caballo en los diferentes mapas del juego a modo de transporte, siendo por supuesto más rápido que a pie. Esparcidos por los mapas hay unos postes con campana donde podemos llamar a nuestro caballo en cualquier momento. También hay determinados monstruos en las mazmorras y mapamundi que, cuando los derrotamos, nos permiten hacer de monturas. Estos monstruos tienen diferentes dotes: saltar más alto, trepar determinados muros, volar, etc. El sistema de habilidades regresa a lo visto en la octava parte. Es decir, cada personaje tiene su set de habilidades/conjuros que aprende al subir de nivel, pero luego obtienen puntos de destreza que podemos aplicar en diferentes campos.

En lugar de ser lineal, en esta ocasión tenemos un tablero donde podemos ir escogiendo nuestro camino como creamos oportuno. Cada vez que activamos una habilidad, las adyacentes se desbloquean, e incluso si activamos varias habilidades, podemos desbloquear habilidades secretas muy poderosas. También, y como ya ocurriera en Dragon Quest IX, tenemos ciertos puntos repartidos por el mapeado donde podremos farmear ciertos recursos (materias primas, minerales, etc) que nos serán especialmente útiles en la forja fantástica y para cumplir determinadas misiones. Porque también regresan las misiones secundarias que nos dan algunos personajes, y que si las cumplimos nos darán recompensas muy interesantes. Estas misiones van desde obtener X número de ciertos objetos, eliminar monstruos, hacer una técnica conjunta específica…

Dragon Quest XI hace gala de una dificultad menor que la vivida en anteriores entregas. No en el sentido estricto de las tácticas de los monstruos o su fuerza, sino que ofrece una serie de ayudas que no tenían los otros juegos. Por ejemplo, tenemos el autoguardado que nos asegura tener un checkpoint antes de puntos importantes; la inspiración se activa automáticamente y de forma aleatoria, ciertas ediciones del juego nos dan un par de accesorios que regeneran la salud y la magia poco a poco, tenemos campamentos esparcidos por el mapeado para descansar, etc. Por supuesto, es recomendable seguir guardando la partida en las iglesias, porque como nos eliminen perdemos la mitad del dinero. Afortunadamente, si encontramos el reto demasiado fácil podemos activar una serie de opciones “dragovianas” que complican el juego muchísimo, provocando por ejemplo que no podamos huir de ningún combate, no poder comprar en las tiendas, que los enemigos débiles den muy poco experiencia o simplemente tener a nuestros personajes más débiles. Aparte, tenemos multitud de contenido secundario además de la trama principal: la búsqueda de las clásicas minimedallas, las misiones secundarias, forjar todos los objetos, conseguir todos los ítems, completar todo el bestiario de enemigos, completar todas las habilidades de todos los personajes… Completar el juego al cien por cien nos llevará mucho tiempo, otro aspecto clásico de la saga que se mantiene.

Gráficamente estamos ante un videojuego especialmente bello. Hay multitud de biomas, desde los clásicos desiertos, pasando por montañas, volcanes, cavernas, playas o islas. Tenemos muchas ciudades con diferentes temáticas: palacios desérticos, medievales, orientales… Como siempre, el diseño de los personajes y monstruos está creado por Akira Toriyama (autor de Dragon Ball, Dr Slump…), y realmente sacan todo su esplendor en la actual generación. El framerate del juego se mantiene estable, y las animaciones cumplen con su cometido. Podemos controlar la cámara durante al combate, algo bastante inusual en esta saga. Por su parte, la banda sonora está compuesta por Koichi Sugiyama, batuta habitual de la saga, y nos ofrece un gran conjunto de melodías que nos irán acompañando en el mapeados, combates y ciudades. Y aparte de las clásicas tonadillas de la saga Dragon Quest, que ya de por sí son fantásticas. El juego nos llega con doblaje al inglés y los textos en castellano, y como ya es habitual en la franquicia, la traducción es muy graciosa, porque suele dar un estilo diferente a cada región del mundo.

En conclusión, Dragon Quest XI es un juegazo enorme con muchísimo contenido, con horas y horas de diversión por delante. Su único punto negativo es que en conjunto es más sencillo que los anteriores; pero eso se compensa con los hándicaps que nos podemos poner para aumentar la dificultad sobremanera. En cualquier caso, la úndecima entrega de Dragon Quest es una cita obligatoria para todos los fans de la saga, y es uno de los mejores JRPGs dentro del catálogo de PS4.

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